jueves, 4 de noviembre de 2010

Capítulo 2:
El tío Carapata estaba cargando de patatas su tartana en el patio del convento,se quédo patidifuso.
-¿Dónde va usted tan co...?
No puedo terminar.Fray Cucufate que salía de la chocolatería empuñado el molinillo del chocolate y, ¡cataplum!,fue a darse de narices con Fray Opas, que acudía con el cepillo para sacudir estopa.
Por la puerta del abejar salío fray Ezequiel con el cucharón de la miel, y fue a chocar con fray Rebollo, que empuñaba el rodillo de amasar bollos.Por la ventana de la torre asomó la cabeza de fray Olegario, que estaba buscando su pluma de gallo.
-¿Mi pluma, mi pluma!
Las voces de fray Perico seguían resonando:
-¡Que se llevan a San Francisco!
Por las escaleras continuaban apareciendo frailes y más frailes.Fray Pilurelo, el cocinero, con la mano del almirez; frai Simplón, el gordinflón, con un azadón, y fray Jeremías, con las tijeras de la sastréria.
-¿Qué hacemos?
-¡Saltar la tapia!-gritó fray Sisebuto.
El primero que saltó fue fray Pascual, que se cayó y se quedó colgado de un peral.
El segundo fue fray Olegario, que al saltar se hizo un lío con el rosario.
El tercero fue fray Simplón, que estuvo a punto de romperse el esternón.
Al fin salieron todos.Pero ya era demasiado tarde:los franceses desaparecían, entre nubes de polvo, por el puente del cañero. Aún se veía la última rueda, cuando fray Sisebuto, cogiendo un grueso terrón de un barbecho, dijo:
-¿Disparo?
-¡No!-gritó fray Nicanor.
El pegote le dio al último soldadoen el cogote. Las largas mangas de su hábito parecían decir adiós al convento, del que no había salido desde hacía cuatrocientos años.

1 comentario:

  1. Jose me gusta mucho tus resúmenes pero deberías hacerlos más cortos no tan largos.

    Un saludo:

    Sonia González Casado

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